Si hablamos de Meditación, debemos decir que hay muchas cosas en la vida que están más allá de nuestro control. Pero que nosotros, podemos y debemos asumir la responsabilidad de nuestros propios estados anímicos y cambiarlos si es necesario para mejorar el día a día en que vivimos, a fin de lograr nuestro tan ansiado bienestar; acallar nuestro estrés y alcanzar la tan ansiada paz interior. Según el Budismo, esto es lo más importante que podemos hacer, y nos enseña que es un buen antídoto real para tratar de resolver nuestras penas personales, ansiedades, problemas no resueltos desde la infancia, para aliviar nuestras tensiones; o sacar de nuestra mente algún acto doloroso que nos ocurrió o nos aqueja actualmente y que se produjo en alguna etapa de nuestra existencia. La meditación puede ser aplicada para mitigar nuestras ansiedades, temores, odios y frustraciones o confusiones generales que acosan a nuestra condición de ser humanos.
Meditar es el arte de aquietar nuestra mente, como ponerla en blanco y así, lograr que se silencie la interminable charla que ocupa nuestra conciencia. En la calma de la mente silenciada a través de la meditación, la persona que medita se convierte primero en observador, después alcanza cierto grado de desapego y al final; percibe un estado de conciencia superior con una práctica muy continua. La meditación desarrolla pues, practicada progresivamente, la capacidad de concentración y nos permite acceder a la mente subconsciente. Las prácticas de meditación budista son técnicas que fomentan y desarrollan la concentración; la claridad, la positividad emocional y una visión tranquila de la verdadera naturaleza de las cosas. Al participar en una práctica de meditación en particular, aprendes los patrones y hábitos de tu mente y todo lo que ofrece este medio para cultivar nuevas formas de ser más positivos, sintiendo y teniendo mejor comprensión contigo mismo y con los demás. Con trabajo regular, paciencia y perseverancia, estos estados de mente nutritivos y concentrados puedes profundizar en estados de mente pacíficos y llenos de energía. Estas experiencias pueden tener un efecto transformador y conducir a una nueva comprensión de nuestras vidas y por ende, de las de los demás. La meditación es un medio hacia la autoconciencia, hacia el autoconocimiento, nos enseña a escuchar conscientemente nuestra respiración para estar en el momento presente; sirviéndonos esto para la transformación de nuestra visión espiritual desde dentro de nosotros mismos proyectándola de allí hacia el exterior.
Durante milenios, innumerables prácticas de meditación se han desarrollado en la tradición budista. La base de todas ellas es el cultivo de un estado de ánimo tranquilo y positivo. Al aplicar un esfuerzo continuado durante periodos de práctica breves y regulares aprendemos a no reaccionar habitualmente según nuestra experiencia, sino a responder de forma creativa y con conciencia. Al trabajar directamente con la mente podemos desarrollar de forma efectiva, estados de conciencia elevados que tendrán un efecto directo sobre nosotros mismos y la manera en que percibimos todo. Por mencionar algunos tipos de meditación en el Budismo encontramos las prácticas que generan tranquilidad, atención y concentración, que se les denomina shamata; y las prácticas que llevan a la visión clara de la realidad se le denominan vipasana.

Referente a mi experiencia sobre meditar debo decirles que cuando empecé a leer los libros de Brian Weiss, Deepak Chopra, incluyendo a Paulo Coelho entre otros, tuve una óptica distinta de la vida; comprendí que el mundo era más grande de la concepción que tenía hasta entonces, que debía abrir mi mente hacia otras culturas, otras religiones, otras formas, métodos, otras costumbres; sobre todo, si somos un Mega-Universo, un Gran Cosmos, en el cual todos estamos interconectados y entrelazados. También he asistido a algunas Conferencias de Aryuveda en donde he podido aprender un poco más de esto.
He asistido y practicado ejercicios de Cardioyoga, pero básicamente, la meditación la he practicado en casa, viendo programas de televisión y con programas muy sencillos, inclusive hay uno muy conocido de “21 días para la prosperidad” que está online y lo pueden hacer todos siguiendo las instrucciones cada día, de una forma muy sencilla. De lo que sí soy consciente y he podido observar es que, cuando he practicado meditaciones a conciencia, olvidándome de las rutinas diarias de cada día, de las tensiones y situaciones estresantes, he colocado inciensos y me he ubicado sentada en posición flor de loto, frente a algún telar que tengo de Buda o Ganesha; ensimismándome con esta práctica, deleitándome con su proceso y efectos, sobre todo, con mis respiraciones para meditar: Inhalación y exhalación. Lo relaciono mucho mentalmente, viéndome rodeada en un Templo Budista del Tibet, imagino que estoy allí rodeada de monjes, en un lugar donde el sonido de los tambores y mi imaginación juegan un papel muy importante; siempre imagino una gran luz potente y naranja que es expresión del sol naturalmente, y colmándome de energía -una energía que viene desde lo alto-; que entra en mi ser, me impregna y se expande por todo mi cuerpo, sobre mi aura, esparciéndose hacia el exterior, centellando a todas las personas y lugares donde me encuentre.
Así como yo, tú también puedes practicar la meditación, concentrarte y olvidarte de lo ruidoso de este mundo, encontrándote a ti mismo, soltando lo que te pesa, lo que te aflige, lo que es motivo de tu preocupación y desgaste de energías; pues, es una práctica muy aconsejable y saludable que disfrutarás a plenitud.
¡¡Hasta la próxima!!