¡Una improvisada Monja!

¿Monja, yo? ¡Qué vaaaaaaa!. Era la primaria de mi hija, por aquel entonces, y justamente en el Curso de Religión había una tarea extra que era opcional, si así lo deseara el padre o la madre de la alumna: La de salir en un festival de concurso de camiones alegóricos con motivos salesianos, una mujer representando a Santa María Mazzarello y un varón para representar al Santo Don Bosco.  Por supuesto que acepté el reto que sería para mí una grata experiencia.  Fue muy emocionante porque también se prestó la camioneta Datsun de mi padre para el concurso de salones, y ésta fue adornada llena de globos azules y blancos por unos entusiastas padres de familia que recuerdo perfectamente, vinieron al garaje de la casa para armarla y llegado el momento del desfile, recorrieron dos vueltas de manzana de dicho plantel estudiantil. 

Este episodio me hace recordar que cuando niña, tendría alrededor de 12 años, le manifesté a mi padre el anhelo de ser monja algún día y él muy risueño me dijo: Hija, lo que serás, es “monga” pero no, “monja”; ¡jajajaja!; esto lo recuerdo clarísimo. Bueno, cuando uno es adolescente es inestable en algunas cosas, a eso de los 13 o 14 años, pensando sobre la carrera o estudios que uno va a seguir; y yo particularmente, ya había cambiado como de 2 o 3 acerca de mis preferencias.  Volviendo al gran día en que iba a representar a Santa María Mazzarello, las monjas se habían puesto en contacto conmigo acerca del hábito que iba a usar, lo vi y a simple vista estaba muy estrecho y les dije:  Tienen que soltarlo un poco de los costados, parece ha sido de una monjita delgadita como de unos 48 kilos -yo tendría en ese momento unos 55-;  y así fue, lo hicieron, lo abrieron por los costados, de tal forma que me cupo perfectamente. ¡Alabado hábito de aquella monjita!

Cuando llega el gran día, el momento que se daría en el lugar llamado: Campo de Marte aquí en Lima, iban a estar inclusive en el estrado principal ubicadas las monjas mayores, como de clausura también, las que nunca salen del Convento o Colegio y tienen cierto rango de autoridad.  No olvidaré nunca que hubo un tramo que caminé a pie hasta llegar al lugar exacto donde debía subir al inmenso camión lleno como de 30 personas o más que iban en la larga tolva que se había adornado ilustrando a estos Santos Salesianos juntos, lleno de globos, colorido, guirnaldas, en fin, todo lo necesario para un carro alegórico; y se había hecho entre los padres de familia e hijas del salón. Pasaba por una de las calles del Campo de Marte, cuando nada más y nada menos mi padre que estaba de pie esperando allí para ubicarse y verme mejor, no me reconoció, así literalmente; pasé delante de él y me dijo: ¡Buenas tardes hermana! – serían como las dos de la tarde.  Eso fue sorprendente y gracioso para mí, le dije inmediatamente:  ¡Papá, soy yo, tu hija!.  Entonces, él soltó la carcajada y movió la cabeza asentando.

Llegado el desfile, pasaban uno y otro camión representantes todos de la Primaria y los padres que estábamos allí íbamos en ciertos tramos saludando al púbico presente. Iba yo al lado de Don Bosco -o quien lo representaba, naturalmente, ya que era el otro entusiasta y aventurado padre de familia-; de pronto, toca el turno de saludar a la plana mayor diríamoslo así, de dicho plantel de Primaria, donde estaban ubicadas las hermanas, las monjas mayores de las que les hablé.  Entonces, se me ocurrió a mí darles la bendición a ellas, las que eran el emblema y tesoro del Colegio, y quienes serían el Jurado calificador.  Ellas al unísono, soltaron la risa ya que esto les pareció sumamente gracioso: Que una madre de familia les diera la bendición precisamente a ellas que eran Monjas.  Lo hice como un acto totalmente impulsivo e involuntario, se me ocurrió de pronto, fue instintivo, nadie me lo dijo, ni tampoco era un libreto que debía seguir.

Luego terminó el desfile y tampoco olvidaré jamás que, al bajar del inmenso camión, estaba la mano de mi padre quien había ido a verme representar a la Santa Salesiana, María Mazzarello, ayudándome para que no me cayese al bajar del mismo. Es así como ocurrió esta interesante y gran anécdota que al público presente, al resto de padres de familia, a mi hija, al salón, a las Hermanas de la Congregación sobre todo, les resultó muy intenso y gracioso, por cierto.

Espero, les haya gustado este recorrido del baúl de los recuerdos de haber hecho esta representación de la Santa Salesiana. Lo que les sugiero a todos los padres de familia es:  Hagan hasta lo indecible por sus hijos, dialoguen con ellos, sean sus amigos, logren la confianza de ellos, confabúlense con ellos; sin perder el respeto, sin perder la línea de autoridad que les deben tener. No se horroricen si les cuentan cosas que no son de la generación de ustedes, para que ellos en próximas ocasiones que les quieran comentar, consultar o requerir algo, no lo piensen dos veces;  sepan ellos en quién confiar y con quién cuentan por el resto de sus vidas para que les haga un favor por más impredecible que éste sea.  Y estén llanos, eso sí; y ¡Cómo no!, hasta de representar a cualquier personaje, sea éste del Colegio, de un cumpleaños, o tal vez con el fin de hacerle una sorpresa a alguien, o participar en cualquier acto y causa noble que ellos les soliciten hacerlo. Por supuesto, si es la personalidad de ustedes hacer estas representaciones, pueden apoyarlos de mil maneras, todo sea en pro del bienestar de nuestros amados hijos. 

¡¡Hasta la próxima!!

camioneta preparada para el desfile alegórico de ese gran día!!!

Publicado por Centellando

Desde chica me ha gustado los viajes, la aventura, el ir cantando en el carro de paseo con mis hermanas; el aprender mucho de mi Guerrero de la Luz, mi padre. Así como de la suavidad y los aprendizajes que siempre me obsequió mi madre. Me ha interesado mucho la Historia, Culturas Pre Incas, Incas y conocer in situ todos estos lugares. Soy una admiradora de la belleza que hay en Perú, así como de los sitios hermosos del mundo. Soy un poco hiperactiva, apasionada de lo que me gusta y maravillada de lo que mis pupilas pueden apreciar, agradezco a mi hija, quien me ayudó en la elaboración de esta página de Centellando Blog; espero les guste mis historias, viajes, recorridos por el mundo y las magníficas culturas que como humanos debemos apreciar y agradecer al Universo. Su servidora.

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