La economía en Perú en la época del Virreinato era la de un reino rico y poderoso, en donde habían riquezas en plata, oro, azogue, plomo, estaño y cobre. Tierra rica y abundante en ganado y toda especie de aves y pescados. Así se describía según Pedro de León Portocarrero el Virreinato del Perú a inicios del siglo XVII. La economía colonial de esos años ofrecía un aspecto ascendente y próspero; gracias a la labor del Virrey Francisco de Toledo entre 1569 y 1581; la minería pasaba también por una época de alza. Potosí representaba el 70% de la producción de plata en el Perú en el último cuarto del siglo XVI, desde 1581 a 1660, el Perú proporcionó dos tercios de las importaciones españolas americanas de plata. La agricultura de los valles de la costa y la sierra, desde mediados del siglo XVI, era notable; de manera que el Perú había dejado de importar masivamente productos agrarios de España y México.
Todas estas circunstancias revelan el papel protagónico de Lima dentro de la economía colonial; siendo un centro mercantil, político, financiero y de consumo, Lima se convertía en una gran ciudad con rasgos de cosmopolitismo. De este a oeste, su casco abarcaba desde el pueblo indígena del Cercado hasta el barrio de Monserrate; de norte a sur, se extendía entre el arrabal de San Lázaro y los conventos de La Encarnación y Guadalupe. Mientras Rosa de Lima iba surgiendo, allí empezaban los claustros recoletos; también fue en estas áreas apartadas cerca del río y en solar próximo al Hospital del Espíritu Santo, donde se hallaba la casa paterna de Santa Rosa.
Por ese tiempo hubo una gran migración portuguesa en América, se intensificó a partir de 1580 tras la unión de las coronas de España y Portugal; desde Brasil también ingresaron ilegalmente buen número de portugueses al Virreinato Peruano. En Lima destacaron los portugueses como hábiles y agresivos comerciantes en las tres primeras décadas del siglo XVII. La plebe urbana -como se les llamaba en ese entonces-, estaba compuesta de: Artesanos, criados domésticos, jornaleros, mercachifles de diversa procedencia étnica. Lima concentraba gran concentración de origen africano.
De este ambiente de efervescencia religiosa saldría una generación contemporánea de Santa Rosa, que en vida fue reconocida por sus virtudes y caridad cristianas. Milagros, curaciones y todo tipo de maravillas les eran atribuidos por una población que tenía trato familiar con ellos, en efecto, desde fines del siglo XVI vivián en Lima: Juan Macías y Martín de Porres, ambos vinculados a la orden dominicana, el franciscano Francisco Solano y el mercedario Pedro Urraca. No hay constancia que Martin de Porres y Rosa tuviesen amistad; aún así, frecuentaban los mismos sitios y pertenecían a la misma congregación dominicana. Este fenómeno es algo que intriga a los historiadores, el hecho que en este breve lapso coincidieran en la capital peruana tantas figuras con fama de santidad. A pesar de su profunda religiosidad, Rosa no ingresó a ningún Monasterio de la ciudad. Optó en cambio, por una existencia entre el claustro y la sociedad de la beata.
Esta condición gozó de prestigio entre la población colonial, por lo general, lo hacían por sugerencia del confesor que mujeres devotas tomaran aquel estado que implicaba castidad y vestir hábitos talares. Adoptaban el recogimiento en su propia casa; era una situación digna, antigua, y tenía como meta la perfección cristiana. Rosa en su condición de beata, no fue ajena a las prácticas piadosas toda vez que cuatro de sus confesores la promovían: Los Jesuitas Juan Sebastián de Parra, Diego Martinez, Diego Alvarez de Paz y Pedro de Loayza. El escenario privilegiado de ella fue la pequeña ermita, que según la tradición edificó Rosa con sus propias manos en la casa paterna y en espacio privado, lejos de las miradas. La caridad y la asistencia a los enfermos también fueron ejercidas por esta Santa gloriosa, incluso en el mismo ámbito familiar. Ella dejó un libro manuscrito, cuyo contenido se desconoce, asimismo, decidió sustraerse de una sociedad, en aquel entonces; la Lima de los Virreyes: Sensual y avara, orgullosa e inestable, en la que triunfaba el mal y la fuerza, peligrando la salvación individual.
Tras su muerte, cayó en poder del Santo Oficio de Lima y esto fue remitido a España, donde el Consejo de la Suprema Inquisición la sometió a una severa “calificación”. Debemos mencionar que Rosa de Lima, se desarrolló durante una presencia cultural, académica y literaria que ponían en evidencia en aquella época una cultura erudita, fue gracias a la reforma impulsada por el Virrey Francisco de Toledo que la Universidad de Lima, fue denominada como San Marcos, adquirió fisonomía de institución académica. Por el tiempo y según la historia, la Universidad fue controlada por los llamados criollos.
Espero les haya gustado este relato del entorno en donde se desarrolló nuestra Santa Limeña Rosa de Lima, las Américas e Islas de Antillas; que es de nuestro gran orgullo y complacencia religiosa, venerada y reconocida a nivel mundial.
¡¡Hasta la próxima!!
Fuente: Santa Rosa de Lima y su tiempo, colección del BCP. Arte y Tesoros del Perú, colección familiar.
