Camposanto Yungay, lo que pasó en 1970 y el lugar que es hoy

Cada 31 de mayo se conmemora el fatídico aniversario del trágico aluvión que en sólo treinta segundos, sepultó la ciudad de Yungay, en la región Áncash, y a más de 20,000 de sus vecinos de Ranrahirca, tras el fuerte terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter que se registró en esa región. Cuando este evento sísmico liberó energía equivalente a la que se habría liberado con 27 mil bombas atómicas y, debido a la ubicación de su epicentro y profundidad, prácticamente ocurrió por debajo de la ciudad de Chimbote, llegando a producir tres de los efectos secundarios más importantes que caracterizan a estos terremotos: un tsunami, procesos de licuación de suelos y deslizamientos de zonas altas de piedras, tierra, lodo o masas de hielo. Aquel fatídico domingo que se convirtió en uno de los peores momentos del siglo XX en el Perú. Faltaban sólo dos días para que la selección de fútbol peruana hiciera su esperado debut ante Bulgaria, en el mundial de México 70La fiebre futbolera alcanzaba elevados niveles de temperatura en los corazones de todos los peruanos. Eran momentos de fiesta, de algarabía.

Familias enteras se habían congregado en sus viviendas para contemplar la inauguración de aquella gesta deportiva. Pero, así como ocurre en las películas, ni más ni menos, aquel domingo 31 de mayo de 1970, “pasamos del cielo al infierno en escasos segundos”, comentaron los sobrevivientes de Yungay: Un terremoto de 7.8 grados en la escala de Richter se llevó la vida de 70,000 compatriotas. A los pocos minutos, cuando todo parecía haberse tranquilizado, un fuerte estallido alarmó a los pobladores de Yungay: una gigantesca roca de hielo se había desprendido desde la zona norte del Huascarán y avanzaba raudamente hasta alcanzar una velocidad de entre 250 y 300 kilómetros por hora. Si uno va a ese lugar, exactamente se desprendió del Nevado del ala izquierda que se aprecia en el Huascarán, situado en la parte alta de lo que vino a ser esta ciudad de Yungay desaparecida.

Muchos corrían hacia las zonas más altas; otros, en cambio, decidieron esperar su muerte abrazando a sus familias. “¡Apu Taytayku, khuyapayawayku!” que significa: Señor, ten piedad, suplicaban los yungaínos mientras la avalancha –de 400 metros deancho y 15de alto– seguía aproximándose, llevando rocas, lodo, árboles y todo lo que encontraba a su paso. Los sobrevivientes; acerca de ellos, sólo se salvaron 300 personas de un pueblo de poco más de 20,000 habitantes; se salvaron ellos, junto a un ómnibus, un Cristo y cuatro palmeras. El resto de la ciudad se convirtió en un camposanto.

El circo itinerante Verolina, instalado en lo alto del cerro Atma cobijó a centenares de niños que llegaban a ver la función.Pero el espectáculo fue otro. Desde allí observaban perplejos como toda su ciudad, Yungay –en apenas 30 o 40 segundos– había sido cubierta por un enorme manto de lodo. Otro grupo de 90 personas logró salvar su vida en el lugar donde reposan los muertos, en el cementerio, a solo 700 metros de la plaza de armas de Yungay. Los niños buscaban a sus padres y los padres a sus hijos. Nadie se hallaba. Muchos huérfanos fueron adoptados por familias extranjeras. Según cálculos de los especialistas,la ciudad entera había quedado sepultada a 20 metros de profundidad. La noche parecía haber caído a las 5:00 de la tarde y muchos de los sobrevivientes hubiesen preferido haber muerto en aquel día nefasto, decía un anciano, quien nació ahí y siempre oyó lamentos de sus paisanos sobrevivientes de aquel mayo fatídico.

Desde las cenizas, comentaba el fotógrafo Norman Córdova: ”Llegué al día siguiente con una cámara Rolleiflex de 35 milímetros. Lo que más recuerdo son las manos, pies y zapatos que sobresalían entre los escombros. La tierra temblaba cada cinco minutos. No había qué comer, no había dónde dormir”. “Los niños estaban aterrorizados y las mujeres no dejaban de llorar. Yo había viajado muchas veces a Yungay anteriormente y verla sepultada me impactó bastante. Pero, en esos momentos, o fotografías o te pones a llorar. Había que hacer lo primero. El periodismo llama”, recuerda Córdova. El reportero gráfico relata que tuvo que trabajar, junto con otros hombres de prensa y socorristas mientras la tierra, en Yungay, continuó temblando durante noventa días.

Habiendo estado allí presente hace unos días por el Aniversario Patrio, en Huaraz, hospedada en la hermosa ciudad de Caraz, nos dirigimos a este Campo Santo de Yungay que es actualmente un lugar histórico y un punto turístico imperdible; ahora hay un nuevo pueblo que se llama: Nuevo Yungay.  Al entrar al Cementerio hoy en día,  un guía turístico nos orientó más sobre este tema.  Para empezar había un sol radiante y hermoso, una temperatura de 24º centígrados.  Cuando uno entra y respira hondo en este lugar, se siente una bendita energía.  Cabe resaltar que en la actualidad han sembrado muchas flores, el gras está sumamente cuidado, y hasta han construido una réplica de lo que fuera la Iglesia principal del pueblo de Yungay.  En el camino del recorrido habían mariposas en el suelo por todas partes, que revoloteaban al visitante, unas rosas, amapolas y otra infinidad de flores muy bien cuidadas hacen muy hermoso este lugar. Continuando adelante, se puede apreciar monumento a los Colaboradores caídos, un helicóptero de rusos en su mayoría; pilotos y otro tipo de personal de ayuda internacional viajaban en este vuelo que había sido de ayuda a la zona en desastre, desde la que arrojaban víveres o medicinas desde el cielo.  Resulta que después de salir de la zona chocaron y murieron todos sus casi 22 tripulantes.

Como cada vez llueve y se acentúan las estaciones debido al calentamiento global, el Perú no es una excepción de este fenómeno, pues, ahora se calcula que los restos están a 4 metros de la superficie de donde uno camina, pero poco a poco están saliendo a flote pedazos de ómnibus, lo que fue parte de un grifo, así como de carros y otros, al ras del piso. También se puede apreciar un vaso enorme de cerámica tipo Vasija Incaica, que es réplica de lo que fuera el vaso con raspadilla más grande del mundo según nos lo comentaron y que Yungay había ganado ese premio, por aquel entonces.  Desde allí ya se puede divisar el Cementerio que parece estuviera hecho como un pastel, como una torta en círculo de varios niveles.  Cuenta la historia que ahí se salvó un solo policía, del Destacamento que estaba allí, ya que, cuando les sobrevino el aluvión, eran 12 en total, y 11 fallecieron en la Comisaría del lugar; únicamente salvó uno, el que estaba destacado ese día en el cementerio.

También nos comentaron sobre el circo y el Payaso Cucharita, quien sobrevivió a la desgracia con otros 300 niños que fueron esa tarde al Circo. Todos quedaron huérfanos, y nos contaron que fueron adoptados por extranjeros. En la actualidad son personas ya mayores, pues esto sucedió en 1970, algunos han fallecido; cuando están en el lugar lloran  y se emocionan mucho recordando lo que aconteció ese gris día.

Huaraz, Caraz, Yungay y la Cordillera de los Andes, sus lagunas y hermosos lugares es un lugar que vale la pena visitar en el Perú.  Las palabras quedan cortas para describir tanta belleza, tan hermosa geografía y tanto acercamiento con la Madre Naturaleza.

¡¡Hasta la próxima!!    

Fuente: Inspirada en artículo de Andina de Noticias del 27.MAY. (FIN) RPA/LIT. Y mi propia experiencia.

Publicado por Centellando

Desde chica me ha gustado los viajes, la aventura, el ir cantando en el carro de paseo con mis hermanas; el aprender mucho de mi Guerrero de la Luz, mi padre. Así como de la suavidad y los aprendizajes que siempre me obsequió mi madre. Me ha interesado mucho la Historia, Culturas Pre Incas, Incas y conocer in situ todos estos lugares. Soy una admiradora de la belleza que hay en Perú, así como de los sitios hermosos del mundo. Soy un poco hiperactiva, apasionada de lo que me gusta y maravillada de lo que mis pupilas pueden apreciar, agradezco a mi hija, quien me ayudó en la elaboración de esta página de Centellando Blog; espero les guste mis historias, viajes, recorridos por el mundo y las magníficas culturas que como humanos debemos apreciar y agradecer al Universo. Su servidora.

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