Una aventurada carrera

Debió tener diez años mi niña, para haberse presentado la oportunidad de participar en una carrera aquí en Lima-Perú, en el Colegio donde ella estudiaba.  Había que correr desde la primera cuadra de la avenida Brasil hasta el óvalo de la Plaza Bolognesi; quienes son peruanos, sobre todo limeños, saben de qué ruta se trata, esta distancia a mi parecer era moderada.  Pienso que hay que estar en forma para participar así sea de un tramo no muy grande y hacer ejercicios con regularidad. No obstante haberme vestido de monja para una presentación del mismo colegio anteriormente; pues, esto se trataba de un reto totalmente distinto. Hay que tener una predisposición optimista en primer lugar y muchas ganas, a fin de participar en cualquier disciplina deportiva, que se les presentase a nuestros hijos para colaborar con ellos, o con su institución educativa. 

De chica era un poco floja para los ejercicios, claro que como a cualquiera, me gustaba montar bicicleta, pasear por los parques, pero nunca he sido una gran deportista. Cogí la costumbre de caminar a paso acelerado por bienestar y salud, también para mantener un peso, digamos adecuado; mi compañero en aquel entonces ayudó mucho para efectuar esta rutina de caminatas y/o trote, y del hábito de salir a respirar aire puro y fresco. Hoy evoco esos recorridos por el Parque Acosta en Magdalena del Mar, por el Parque de la Pera del Amor en San Isidro y muchas otras veces, esas dos vueltas que dábamos al Golf, lugar muy conocido aquí en Lima; un club fabuloso e ideal; por sus formidables veredas para realizar toda clase de ejercicios.  Pues, ahí se aprecian gente de la zona o turistas hospedados en alguno de los extraordinarios hoteles alrededor de este Club El Golf, caminando, trotando, corriendo, etcétera. Por cierto, un saludo al Paraíso y/o a la multidimensionalidad, a mi compañero de vida que hizo que esto fuera una costumbre para mí y que hoy ya no está físicamente en este espacio.    

Volviendo a lo que nos ocupa, sobre la carrera que se iba a llevar a cabo, mi hija tenía ciertas dudas de lo que esto podía ser, pero a la vez estaba alegre que su madre participara en este tipo de eventos, cooperaban parejas de los padres de familia o alguno de ellos, del salón correspondiente; me parece que esta actividad fue a causa de un aniversario del Colegio. Se supone que antes de iniciar una carrera deportiva, debe calentarse el cuerpo, hacer cierta rutina de ejercicios, como lo venía haciendo con un grupo de compañeros aeróbicos, que será ocasión de otro artículo. Por lo menos, estando uno de pie, debe inclinar los brazos hacia la punta de los dedos de los pies algunas veces, soltar las piernas, saltar en el mismo lugar, doblar las rodillas, debiendo antes haber bebido unos vasos de agua.

Por fin comenzó la carrera, y no iba a ser por supuesto yo, una de aquellas que llegasen primero.  Los padres eran todos muy entusiastas.  A los costados de la avenida Brasil, los salones del colegio hacían barra, entre estas zonas debió haber estado ubicada mi hija para el momento en que pasáramos y hacer la bulla correspondiente. ¡Cual sería la sorpresa de ella!, cuando observa que venía una buena cantidad de padres de familia de su salón y a la vez delante de éstos, una camioneta de ambulancia; lo que le hizo pensar inmediatamente: Seguro es mi mamá, como toma ciertas pastillas para tener niveles adecuados a fin de cuidar su salud por la presión arterial, colesterol y triglicéridos, es muy probable que vaya en ese vehículo, porque según ella: No me veía.

Cuando se empinó para ver quién o quiénes estaban dentro de dicha ambulancia, se alegró totalmente al ver que no se trataba de mí; sino, de otros padres de familia que se acalambraron, así es que, se le vino el alma al cuerpo cuando vio que pocos metros atrás, venía yo corriendo con un grupo de padres, a paso seguro pero lento, era como a la altura de la Avenida Bolívar que sucedió esto. Al recordarlo hoy, esto me divierte.  No me arrepiento de haber participado y con mucho orgullo recuerdo que fui una de las ocho últimas que llegué a la meta y que cuando llegamos nos echaron agua de un camión grande, a todos los competidores. Nuestras hijas y las monjitas del Colegio estaban muy contentas, emocionadas, son muy entusiastas para esta clase de competencias, celebraciones y en fin, cuanto el Colegio podía conmemorar y más, sí había mucha participación de los padres de familia. Eran expertos en organizar festivales, saludo a la gran Congregación Salesiana.

¡¡¡Misión cumplida, dije!!!, el pecho lo tenía empapado de sudor, pero estaba erguida, tenía un número de competencia en el t-shirt que llevaba puesto y claro, llegué agotada, la respiración al tope, latidos acelerados, pero contenta de haber participado, porque recuerden: No es importante en una carrera deportiva GANAR, lo que vale es: PARTICIPAR.  Eso nos reconforta personalmente, y llena de seguridad y alegría a nosotros y a nuestros hijos.

¡¡Hasta la próxima!!

Publicado por Centellando

Desde chica me ha gustado los viajes, la aventura, el ir cantando en el carro de paseo con mis hermanas; el aprender mucho de mi Guerrero de la Luz, mi padre. Así como de la suavidad y los aprendizajes que siempre me obsequió mi madre. Me ha interesado mucho la Historia, Culturas Pre Incas, Incas y conocer in situ todos estos lugares. Soy una admiradora de la belleza que hay en Perú, así como de los sitios hermosos del mundo. Soy un poco hiperactiva, apasionada de lo que me gusta y maravillada de lo que mis pupilas pueden apreciar, agradezco a mi hija, quien me ayudó en la elaboración de esta página de Centellando Blog; espero les guste mis historias, viajes, recorridos por el mundo y las magníficas culturas que como humanos debemos apreciar y agradecer al Universo. Su servidora.

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