Realizaremos ahora un viaje con nuestra imaginación y si podemos lo haremos también en forma real, ¡Sí y cómo no! en el “Selva Viva”, a bordo de un crucero por el Amazonas. Este bote lleva 14 años explorando distintas facetas del mítico Río Amazonas, siempre al encuentro de sus comunidades, llevándonos por una Amazonía auténtica con su flora, fauna y la majestuosidad de sus aguas.
Anclado en el puerto de Iquitos, el «Selva Viva» lleva con orgullo su blanco inmaculado y sus colores gallardos; pequeño y macizo, con sus tres pisos, este bote fue construido enteramente en madera. Si tuviera ruedas, podría haberse ganado fama como un vapor a lo largo del rio Mississippi. Selva Viva es un barco tradicional en madera tipo brasilero (popa redonda) de 22 mts., de largo, construido en el barrio popular de Belén en Iquitos en los años 2007-2008 con el apoyo de la Fundación Audemars-Piguet (Suiza) y manejado por una tripulación peruana experimentada, se dedica también durante el año a misiones humanitarias y ofrece itinerarios de tres hasta doce días. Pero, es el Amazonas el río por el cual sube y baja con una cantidad controlada de pasajeros a bordo. Hace escala en comunidades poco turísticas y sus ganancias permiten recoger fondos para proyectos. Pequeño y esbelto con porte militar, Hernán el capitán del bote desde hace años, pantalón y camisa color crema, escudos y galones en la espalda, lentes de aviador, Hernán reina sobre una tripulación reducida, piloto, mecánico, timonero, cocinero y asistente.
El solo nombre Amazonía resuena como bosques enredados, pueblos nativos y animales salvajes, desde la ventanilla del avión vemos el río serpenteante bordeado de una espesa selva; lo vamos a navegar, a surcar para perdernos en unos de sus afluentes, el Yarapa. La Amazonía ya no es la virgen con la que fantaseaban los exploradores. Pero, cuando el Selva Viva arranca sus motores y lanza por el brazo gigantesco del Amazonas, la mirada de cada uno de los afortunados pasajeros se pierde en promesas de encuentros y llegadas a otro mundo. Al fin y al cabo, este bote se llama Selva Viva.
Al lado del bote, verás canoas rápidas y lanchas de carga que van y vienen de Pucallpa o Yurimaguas. En Iquitos, donde la única pista asfaltada no mide más de 100 kilómetros, el río es nuestra carretera. Apenas nos alejamos del puerto se transforma en el equivalente a una ruta panorámica. A los viajeros les pasa un bote, los saludan, desde la terraza, o encima del mismo, atrapan al vuelo estos encuentros de un instante; las sonrisas se forman, hasta que los cuerpos quedan dormidos por la oscilación de las hamacas y en muchos casos se despierta bajo una copiosa lluvia. El Río y el horizonte parecen unirse. Los mosquitos obligan a refugiarse en la sala. Un sofá, un libro, y ya estás como en casa, como si estuvieras en una mecedora soñando con un hermoso viaje y un inmenso y maravilloso río.
Cada día desde las cinco de la mañana, el Selva Viva se sacude y sigue su lenta progresión. Al borde del bote se puede encontrar a un pescador de carachama en su frágil balsa. Uno se dejó llevar por la corriente desde Tamanco, a cuatro o cinco días de camino y aún le quedan al menos tres días de viaje hasta Iquitos.
En las orillas, inmensas palmeras se dibujan contra un cielo perfecto, son las que producen el aguaje que se come allí y es tan delicioso. Latitud Sur por ejemplo, colabora desarrollando y promocionando un sistema de arneses para poder recolectar rápidamente este fruto y así manejar el recurso de forma sostenible.
El barco mide 22 metros de largo y ofrece una cabina premium con cama matrimonial, 3 dobles o matrimoniales y 2 cabinas simples. Entre mediados de octubre y mediados de marzo es temporada de lluvia. Encontrarás más vida dentro del agua, pero pocos animales a la vista. A partir de abril, gran parte de la selva aún sigue inundada, pero se puede descubrir en el bote auxiliar. De junio a setiembre, es temporada seca ideal para hacer trekking en el bosque.
En la tarde el brazo del Yarapa está a la vista. Este afluente más estrecho es nuestra puerta de entrada a la selva, todo empieza con un campo verde eléctrico. El brazo del río se angosta y de la naturaleza surgen los martines pescadores que vuelan al ras del agua, las garzas y grullas vigilan impasiblemente con sus delgadas patas sumergidas en el agua. Las raíces de los árboles abrazados por las lianas surgen del agua como marionetas, la humedad nos envuelve, ya llegamos a Jaldar, es la primera comunidad que se visita. Ahí, las mujeres exponen sus artesanías, pulseras de huairuro y cáscaras de huingo grabadas. Antes que caiga la noche, se lanzan las cañas de pesca, y se recogen algunos bagres, a bordo, todo está listo para freír.
Estos botes por el Amazonas, cuentan con salidas todo el año, el bote navega por la Reserva Pacaya Samiria, a lo largo del río Yarapa o Nanay; por la Reserva Allpahuayo-Mishana hasta la zona de las tres fronteras (Perú-Colombia-Brasil), bajando por el Amazonas. Los almuerzos desbordan en sabor: Aguaje, cocona y chonta son parte de la mesa. Se crean asimismo, en esta experiencia de viaje, programas temáticos que incluyen: Pesca deportiva, paseos botánicos, ornitológicos, antropológicos o chamánicos. También hay vacaciones solidarias para participar en proyectos solidarios y brigadas médicas.
En la actualidad, ya está navegando el bote “Selva Viva 2”, será motivo para visitarlo y disfrutar de este regalo de la Naturaleza.
¡Hasta la próxima!!
Fuente: Los mejores 28 destinos; Navega por el Amazonas.