Detalles de cómo se vivía el ambiente antes de la Independencia.

El espectáculo que ofreció el retiro del ejército realista y el ingreso de la expedición libertadora, necesariamente tuvo que ejercer reacciones diferentes entre los distintos grupos sociales de la capital. Nos interesa conocer cuál fue el efecto social de esta movilización de tropas en una ciudad acostumbrada a vivir en la “disipación y seguridad”, tal como fuera expresada por un testigo de la época. Interesa porque de allí, se desprenden los comportamientos y actitudes que los habitantes de Lima habrían de tener en los posteriores acontecimientos políticos.

Pero también porque esta ocupación militar conformada mayoritariamente por tropas extranjeras, crearon las bases para la emergencia de una peculiar cultura política, luego expresada por cada uno de estos grupos sociales a propósito de:  La formal proclamación de la independencia, la instalación, características del gobierno protectoral y la liquidación del mismo con la caída de Bernardo Monteagudo el 25 de julio de la creación del primer Congreso Constituyente el 20 de setiembre de 1822. El primer golpe de Estado en la historia del Perú el 28 de febrero de 1823 y luego la disolución del Congreso por Riva Agüero el 19 de julio de 1823. Los reingresos del ejército realista sobre Lima (1821-1823-1824). Y, finalmente la presencia bolivariana en el Perú. Estos acontecimientos, acaecidos entre 1821 y 1826, son de vital importancia nada menos porque estamos asistiendo a la formación y orígenes del actual Estado Peruano, sus elementos constitutivos, la fundación de símbolos y tradiciones estatales y el modo subjetivo en que éstos fueron incorporados por las clases sociales, expresadas a través de la cultura política y la aptitud civil de las mismas.

Con la ocupación de la expedición libertadora sobre Lima se iniciaba el segundo acto de la independencia en el Perú. Este acontecimiento terminó por modificar las condiciones de la lucha política, del escenario social y el enfrentamiento militar, incorporando nuevos actores que desde entonces participarán en forma desigual y combinada. En efecto, el movimiento de las tropas realistas y patriotas sobre la capital, fue previa y cuidadosamente consultado entre los mandos de ambas fuerzas, y en coordinación con la clase dominante limeña agrupada en la Municipalidad de Lima. Este acuerdo tenía la finalidad de mantener el orden público y garantizar la propiedad privada.

El temor que inspiraban la población esclava, los bandoleros y cimarrones, la plebe urbana, y las montoneras y guerrillas indígenas, fue determinante para que las dos fuerzas beligerantes convengan en proporcionar una mínima seguridad que la aristocracia y sus aliados de clase exigían. Podría parecer extraño este modo de conducir una empresa bélica tanto de patriotas y realistas. Pero la explicación a esta conducta hay que buscarla en el terreno de la lucha de clases y de sus manifestaciones políticas que la independencia tenía que desatar irremediablemente.

Nuevamente, aparecía aquel sordo temor de la clase dominante limeña con respecto de los dominados. Temor que, en una coyuntura de guerra civil, como fue la independencia, debía ser conjurado. Leamos el siguiente pedido que el Marqués de Montemina, autoridad política que el Virrey había dejado en Lima, le transmite a San Martín desde la municipalidad, antes de que las fuerzas libertadoras ingresen a la ciudad:

[…] nadie duda que se cumplirá religiosa y generosamente, todo lo que tiene anunciado y comprometido en sus papeles públicos, en orden a la seguridad personal e individual, de las propiedades, bienes y casas de sus vecinos y habitantes, sin distinción ninguna de origen y castas; pero lo que más interesa en la actualidad es que se expida las instantáneas providencias que exige la vecindad de los indios y partidas de tropas que circundan la ciudad; y que, en estos momentos de sorpresa, podían causar muchos desórdenes.

Y también, la observación de un marino extranjero entonces de paso por Lima que comenta:

[…] no era solamente de los esclavos y de la plebe que se tenía miedo, sino, con más razón, de la multitud de indios armados que rodeaban la ciudad; quienes, aunque bajo las órdenes de oficiales de San Martín; eran tropas salvajes, indisciplinadas y podían entrar en la plaza en masa tan pronto como la evacuación los españoles. Estos indios auxiliares estaban tan cerca que podíamos verlos indistintamente desde las calles trepados en los altos que caen a la ciudad

El miedo social de los propietarios, el instinto de clase de los dominados, las expectativas que la nueva autoridad inspirara entre toda la población, la marcha del ejército realista hacia el centro del país, la aparición pública del partido republicano, y el entusiasmo de la plebe urbana, serían desde entonces los principales actores de un proceso que apenas se iniciaba, que no terminaba por definirse, pero que sin embargo; establecían nuevas pautas en el escenario social, la sensibilidad de las masas, los cálculos militares de ambas fuerzas, y de la lucha política que pronto derivaría en un abierto enfrentamiento entre el gobierno protectoral, y la coyuntural alianza de la nobleza limeña con el partido republicano.

Que la proclamación de la independencia el 28 de julio de 1821, no fue ni más ni menos una formalidad, un pacto de clase, una transacción temporal entre realistas, ejército libertador y la clase dirigente peruana, ésta demostrado por la continuidad del ordenamiento social, y la mínima alteración del orden político:

[…] en un par de días todo volvió a su juicio: las tiendas se reabrieron; se veían mujeres por todas partes escabullándose de los conventos, los hombres se aventuraban a fumar en la plaza, las calles se llenaron de gente que volvía a sus hogares […] los vendedores pregoneros ensuciaban las calles

También tenemos las apreciaciones de otro personaje extranjero con motivo de los acontecimientos acaecidos a raíz de la proclamación de la independencia:

[…] durante esta importante revolución hubo poquísima confusión en las calles y no se puede dar mayor prueba de la apatía de los peruanos en los asuntos públicos. Para presenciar un espectáculo o seguir una procesión religiosa, siempre se mueven con actividad, pero tratan casi con indiferencia un cambio político que las naciones libres consideran interesantísimo.

En verdad había habido guerras de carácter revolucionario en el interior del país, pero su efecto desolador no había llegado hasta ahora a la capital, cuyos habitantes continuaron en su acostumbrada manera de lujo espléndido, en quietud y seguridad disipados.

Pero esta suerte de quietud social que retratan estos personajes, no son sino las iniciales manifestaciones de la población ante lo que entonces sucedía. Además, es necesario distinguir entre toda la población limeña, a los diferentes grupos sociales que la conformaban. Porque no ha de ser similar el modo en que reaccionaron por ejemplo los grandes comerciantes, la aristocracia terrateniente, la plebe urbana, la población esclava y aun el partido republicano ante la ocupación de Lima. Y ésta es quizás, una de las principales dificultades de la historiografía sobre la independencia.

¡¡Hasta la próxima!!

Fuente :La Independencia del Perú y el fantasma de la Revolución, Gustavo Montoya. Gaceta del Gobierno de Lima, 25 de julio del 1821.  

Publicado por Centellando

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