Se va la camioneta azul al agua!!!

Era un paseo como los que solíamos hacer con nuestro padre “El Flaqui” y sus amigos más íntimos, familias enteras que nos acompañaban, ya que él literalmente podía albergar o llevar a un millón de amigos si el espacio se lo permitiera, como una de las canciones de Roberto Carlos. El mar es una de las cosas que más amó mi padre, desde niña mis recuerdos son de jornadas de playa y pesca, y de adelantarnos desde la primavera, que aquí se perfila desde el mes de octubre, e ir a las playas de la costa limeña.

Cierto día, quisimos visitar la Playa Gallardo al sur de Lima, en donde solían hacerse campamentos familiares; jugar al vóley, etcétera. Íbamos con la camioneta o el auto que nuestro padre decidiera, en esta oportunidad su Camioneta Datsun de color azul, año 1974 si mal no recuerdo; un vehículo guerrero a toda prueba. Llegábamos muy bien abastecidos, ya que él ha sido siempre un gran anfitrión y generoso organizador de paseos al aire libre, llevaba hasta 3 clases de comidas para aquel que no le gustase el plato 1 o el plato 2; pues, hasta se abastecía de chifa, chorizos y pescados, así como de vinos de Cuatro Bocas que es una antigua hacienda de vinos y piscos, yendo por la antigua panamericana Sur de Lima. Ese día llegamos como siempre con gran entusiasmo y frenesí. Los chicos jugaban con una pelota de futbol, otras niñas jugaban al vóley y nosotras, mujeres en su mayoría, mis hermanas y yo, nos echamos en la orilla de la playa a broncearnos. Mi padre y sus amigos los adultos, se refrescaban a veces empezando con unas copitas de vino blanco de uva Italia, o pisco de ciruela; ellos siempre conversaban de manera ensimismada.

Esta vez la camioneta Datsun, la poderosa que nos acompañó durante los 80s y 90s, estaba estacionada en la orilla del mar. ¡Cuál sería nuestra  sorpresa!, que después de estar como una hora en la playa divisamos que la camioneta estaba adentrándose al mar, sí, como lo leen, así es que dimos la voz de alarma y los mayores, mi padre y sus amigos corrieron despavoridos, ellos solos no iban a poder sacarla, pues, la corriente la había jalado como siete metros de la orilla y cada vez se iba más hacia el mar adentro; así es que pidieron ayuda a los que estaban muy cerca para que colaborasen empujándola. Los buenos samaritanos, se apresuraron para ayudar y algunos hasta cogieron sogas y lo que tuvieron a la mano, la altura del agua llegaba un poco menos de las rodillas, cosa que facilitó el auxilio que prestaron. Y así, la fueron jalando hasta la orilla poniéndola nuevamente a buen recaudo. Menos mal, todavía existe la gente colaboradora en el mundo.

¡Menudo susto que nos llevamos ese día, mi papá, nosotros y sus amigos!, los que ya estaban pálidos, asustados y angustiados; pues, pensaron que el mar y su corriente jalarían esta camioneta hasta no poder sacarla. Es bueno y gratificante saber que existen aún valga la redundancia: Buenos Samaritanos, personas que estando físicamente cerca, pero que no te conocen, que  nunca te han visto y que, en un momento dado están llanos para ayudarte. Pienso que todavía el mundo es como tal, como lo conocemos hoy y que existe prodigiosamente hasta ahora debido a esta clase de seres humanos.  Recuerden que se dijo:  Bastase solamente que si en una ciudad existiese, hubiese al menos un justo, un colaborador; para que la misma sea salvada. Gracias a Dios no pasó de una circunstancia muy incómoda y les sirvió de lección para estar más atentos y no poner nuevamente la camioneta al borde de la orilla del mar.

Son inolvidables las odiseas y las veces que yendo al mar, que tanto ha amado siempre nuestro padre, nos sucediesen hechos increíbles, anécdotas que las tendremos siempre en nuestra memoria y que evocaremos cuando nos plazca. Hemos crecido y vivido con el carácter aventurero y esa divina dosis de locura que requiere esta existencia para ser vivida plenamente.

Visitar las playas es siempre lo mejor a todas las edades, y más cuando se hace con y entre amigos y familia. En este mundo que se ha vuelto tan rápido, de un ritmo tan acelerado hace falta tener pausas. Pausas para pensar, para meditar, para escapar fuera, para pasear, para compartir, para disfrutar de la naturaleza, sea del mar y sus playas, o del campo, si así lo prefieres.  Cada que podamos compartamos más en familia, disfrutemos de nuestros amigos y ¿No creen que es bueno hacer una pequeña locura de vez en cuándo?; ¡Ahhhhhh!, pero no olviden llevar sogas, llanta de repuestos, una gata, pitas por si acaso; no vaya a ser que a alguna persona le suceda alguna vicisitud como la nuestra. Claro está, que ésta se produjo de la forma más involuntaria, gajes del oficio diríamos.

¡¡Hasta la próxima!!

Publicado por Centellando

Desde chica me ha gustado los viajes, la aventura, el ir cantando en el carro de paseo con mis hermanas; el aprender mucho de mi Guerrero de la Luz, mi padre. Así como de la suavidad y los aprendizajes que siempre me obsequió mi madre. Me ha interesado mucho la Historia, Culturas Pre Incas, Incas y conocer in situ todos estos lugares. Soy una admiradora de la belleza que hay en Perú, así como de los sitios hermosos del mundo. Soy un poco hiperactiva, apasionada de lo que me gusta y maravillada de lo que mis pupilas pueden apreciar, agradezco a mi hija, quien me ayudó en la elaboración de esta página de Centellando Blog; espero les guste mis historias, viajes, recorridos por el mundo y las magníficas culturas que como humanos debemos apreciar y agradecer al Universo. Su servidora.

2 comentarios sobre “Se va la camioneta azul al agua!!!

  1. Lindos recuerdos, que aunque niña recuerdo como si hubiera sido ayer, esas travesías son inolvidables, un saludo hacia el cielo y un saludo a toda tu familia, excelente recuerdo.

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