Era tercero de primaria cuando nos pidieron en el colegio realizar un trabajo hecho en jabón bolívar, para quienes no lo conocen: Jabón en barra larga que se utiliza para lavar ropa blanca, básicamente. Desde siempre me encantó la historia del Perú y el Mundo, era mi materia favorita en el Colegio; fue mi fuerte, además de gustarme la actuación, el baile, canto, literatura y economía política. Para este trabajo debí usar purpurina o púrpura del color que quisiera, goma especial, un moldeador de figura, pinzas, un punzón y en sí, lo que ayudase a la creatividad total, de la figura que cada uno escogería.
Para cuando tuviera que salir actuando y con especial vestuario, pues, era mi madre quien se ocupaba de mandar a confeccionar estos atuendos, tal es el caso de salir de: Marioneta, española, y hasta reinita como ya se los conté alguna vez, entre otros. Ella ponía toda su atención y su amor para esto, a pesar que en ese entones éramos tres hermanas y nos llevábamos dos años de diferencia entre una y otra. Igual, nuestra progenitora se daba tiempo para todas, fuera de las labores del hogar y reforzamiento de nuestras tareas que debía supervisar. Sin embargo, mi padre era un creativo único, un dibujante arquitectónico, constructor nato y luego Contratista, tenía su propia empresa; por lo que para mí fue de gran y valiosa ayuda, una gran referencia viendo las construcciones que ejecutaba, los planos, la perspectiva arquitectónica, etc. Recuerdo como si fuera ayer este suceso, y a él como un ebanista. Claro está que una niña que cursaba el tercero de primaria en ese entonces y que hoy sería el equivalente al 2do. Grado, tenía que ser guiada, ayudada por sus padres para este trabajo. La Cultura Chavín fue siempre de mi preferencia y cuando tuve 22 años, conocí en vivo dicho lugar y lo que para mí era sólo ver en libros y álbumes las cabezas clavas, pues, se hizo realidad al estar presente en aquel sitio, con un grupo de amistades de un gran trabajo que tuve por los años 80’s. Pero, vayamos a cómo quedó este trabajo que les comento, en las manos del artista -mi padre- logró hacerme concretar con excelencia y eficiencia: El Lanzón de Chavín tenía las curvas, es decir, lo que vendría a ser las serpientes y figuras zoomorfas que contenía el mismo; en esa época y yo tan tierna, no podría precisar qué clase de figuras eran aquellas. Mi padre me enseñaba cómo, de qué manera con el punzón se podía ir haciendo, moldeando dicha figura. Me ayudó en el tallado naturalmente, y luego me enseñaba con mis dedos a realizar aquel trabajo. Una vez formada la figura del lanzón, con una brocha cubrimos de goma especial y a continuación lo bañamos de púrpura dorada, y quedó realmente muy hermoso y bello, no lo olvidaré. Naturalmente que obtuve un A o B, quizás un 19 o 20, de aquel entonces. Debí guardarlo, y poseerlo hasta hoy, pero por cosas de la vida pasa el tiempo y uno se va deshaciendo a veces de ciertos objetos que en su momento marcaron historia.
Vayamos ahora a una síntesis de lo que fue El Templo Chavín. Un centro administrativo y religioso de los «Chavín» y sus construcciones eran pirámides truncas de piedra con argamasa de barro. Los Chavín asombran al mundo por sus avanzados conocimientos de arquitectura, ingeniería, escultura y por la profunda creencia en divinidades a quienes trataban de asemejarse. Se desarrolló en el distrito de Chavín de Huántar, provincia de Huari, departamento de Ancash. Destacamos los principales hallazgos: El Lanzón Monolítico que está hecho de granito y es la única pieza ídolo o imagen principal que representa una deidad mayor ubicada en su lugar original en el nuevo mundo. El Obelisco Tello representa a dos entidades semejantes a dragones, probablemente masculino y femenino. Esta escultura mide 2,58 metros de altura y fue encontrado cerca de la Plaza Mayor, por lo que se cree que estuvo en el centro de este espacio. Las Cabezas Clavas representan cabezas de transición humana a seres míticos. Fueron halladas empotradas en una fila horizontal y en forma equidistante en los muros en lo alto del Templo de Chavín de Huántar. Se denominan clavas pues cada cabeza escultórica tiene una espiga o estructura alargada en su parte posterior, la misma que servía para fijarla en las cavidades de las paredes, a manera de clavos. En su mayoría tienen rasgos humanos en diferentes mezclas con animales feroces tales como felinos y aves de rapiña. En la actualidad, el Museo Nacional de Chavín guarda unas 100 cabezas clavas completas o semi-completas. Aunque en los exteriores del Templo sólo se percibe una sola cabeza clava, bueno, hasta donde yo pude apreciar cuando visité dicho lugar. Espero les haya gustado este recorrido en el tiempo y la anécdota de mi trabajo manual con mi padre .
Fuente: Antamina, Los Peruanos que supieron darle vida a la piedra.
¡¡Hasta la próxima!!
Linda historia hermana 💕
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tienes un centellado gusto!!
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